¿Mascotas o “hijos”? Alertan por los riesgos de humanizar a perros y gatos

Especialistas de la UBA advierten que tratar a los animales como personas puede afectar su bienestar y generar problemas de conducta. El fenómeno crece al ritmo del cambio cultural en la relación entre humanos y mascotas.

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Celebrarles cumpleaños, vestirlos con ropa de temporada, llevarlos en cochecitos o incluso crearles perfiles en redes sociales. Lo que para muchos es una muestra de amor hacia sus mascotas, para especialistas comienza a encender señales de alerta.

Desde la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA) advierten sobre los riesgos de la creciente “humanización” de los animales de compañía, un fenómeno que, aunque parece inofensivo, puede impactar negativamente en su bienestar y en la convivencia diaria.

El concepto forma parte de lo que se conoce como antropomorfización: la tendencia a atribuir características, emociones o comportamientos humanos a seres no humanos. “Es una forma habitual en la que interpretamos el mundo, pero debemos estar atentos para no caer en ese sesgo cuando se trata de animales”, explicó Laura Rial, docente de la Cátedra de Bienestar Animal y Etología.

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El contexto ayuda a entender el fenómeno. Según el informe “Tenencia responsable y sanidad de perros y gatos. Encuesta Anual de Hogares 2022”, la cantidad de hogares con mascotas creció de manera sostenida en las últimas dos décadas. Solo en la Ciudad de Buenos Aires se registraron más de 861 mil animales de compañía, entre perros y gatos.

En paralelo, la relación con ellos cambió: dejaron de ocupar un lugar periférico en la casa para convertirse en integrantes centrales del hogar. Hoy duermen en camas, tienen rutinas de cuidado, alimentación especial y forman parte activa de la vida cotidiana.

Sin embargo, los especialistas marcan un límite claro. “El problema surge cuando proyectamos expectativas humanas sin considerar las necesidades propias de otra especie”, advierten. Interpretar que un perro “se porta mal por despecho” o creer que entiende situaciones como una persona puede derivar en errores de manejo y afectar su salud emocional.

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Lejos de desalentar el vínculo afectivo, los expertos plantean la necesidad de equilibrio. Los animales necesitan cariño, pero también rutinas claras, límites y estímulos acordes a su naturaleza.

En el caso de los perros, requieren explorar el entorno a través del olfato, interactuar con otros animales y tener hábitos previsibles. Los gatos, en cambio, necesitan controlar su entorno, acceder a espacios en altura, esconderse, cazar y regular sus interacciones sociales.

Cuando estas conductas naturales se ven limitadas por una mirada excesivamente humanizada, pueden aparecer problemas como estrés, frustración, aburrimiento o trastornos de conducta, entre ellos ansiedad y dependencia emocional.

“La educación debe ser clara, coherente y respetuosa. Los animales no conocen las reglas humanas, somos nosotros quienes debemos guiarlos”, remarcan desde la UBA.

En un contexto donde el vínculo con las mascotas es cada vez más estrecho, el desafío no pasa por quererlas menos, sino por entenderlas mejor. Porque tratarlas como humanos no siempre es sinónimo de bienestar.

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