Emergencia laboral juvenil: el desempleo en menores de 24 años triplica el promedio nacional.
Un informe conjunto del CEPA y la Fundación SES advierte sobre una «situación crítica» marcada por la informalidad, la brecha de género y la falta de aportes previsionales. El desempleo en este sector alcanza el 18%, frente al 7,9% de la media general.

Por Fiamma Flecha.
El panorama laboral para los jóvenes en Argentina atraviesa un momento de extrema fragilidad. Según el reciente Monitor de Juventudes, desarrollado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y la Fundación SES, la tasa de desocupación entre los jóvenes de 18 a 24 años casi triplica el promedio general del país, afectando de manera desproporcionada a las mujeres y consolidando niveles alarmantes de informalidad.
De acuerdo con los datos oficiales del Indec correspondientes al primer trimestre de 2025, la desocupación general se ubica en el 7,9%. Sin embargo, en el segmento de 18 a 24 años, la cifra escala hasta situarse entre el 17% y el 18%.

Informalidad y riesgo de colapso previsional
El economista Hernán Costa, participante del monitoreo, destacó que la problemática no solo radica en la falta de empleo, sino en la precariedad de los puestos existentes. Mientras que la informalidad general ronda el 40%, en los varones y mujeres de hasta 24 años este indicador trepa al 65%.
Costa vinculó esta desprotección con un futuro incierto para el sistema de seguridad social: «en algún momento habrá un colapso» del sistema, advirtió, señalando que millones de personas no lograrán reunir los años de aportes para una jubilación mínima. Esta situación se ve agravada tras la decisión del Gobierno de Javier Milei de no renovar la moratoria previsional. En el mismo sentido, la socióloga Candelaria Rueda (Instituto Argentina Grande) afirmó que la pandemia provocó “un salto en la tasa de trabajo desprotegido”, que “en jóvenes de 14 a 26 años llega al 60 por ciento entre los hombres y al 64 por ciento en el caso de las mujeres, sobre un 43 por ciento de la media general”.
Brecha de género y tareas de cuidado
La desigualdad de género es otro pilar crítico del informe. Datos de CIPPEC revelan que el 67% de los jóvenes que no estudian ni trabajan realizan tareas domésticas o de cuidado no remunerado, y el 95% de esas tareas recae sobre las mujeres. Sin políticas públicas de cuidado, la brecha de inserción laboral continúa ampliándose.
Por su parte, el Observatorio de la Deuda Social de la UCA señala que el 30% de los jóvenes de entre 18 y 24 años se encuentra fuera del sistema educativo y laboral, una cifra estancada desde hace una década. La OIT ratifica que Argentina supera el promedio regional de exclusión juvenil debido al estancamiento económico y la informalidad extendida.


El desafío de la reinserción: hacia un enfoque integral
Frente a este escenario de exclusión y pobreza multidimensional, diversos especialistas y organismos coinciden en que la salida requiere de una estrategia que trascienda los programas asistenciales aislados. Desde el IIEP, la especialista Maurizio destaca que la clave reside en un enfoque integral basado en los programas de formación dual, los cuales permiten combinar el estudio con el trabajo adaptando los tiempos educativos a las posibilidades reales de los jóvenes. Según su visión, la capacitación modular y la educación técnica son herramientas esenciales para reducir las brechas de calificación, especialmente en áreas críticas como la alfabetización digital y las habilidades socioemocionales.
Por otro lado, desde CIPPEC se hace hincapié en que la formación debe estar estrictamente vinculada a sectores productivos específicos para tener un impacto real. Mera afirma que “la formación profesional vinculada a sectores definidos tiene mayor impacto que los programas generalistas”, y sugiere que la implementación de contratos de aprendizaje y pasantías reguladas permitiría ampliar las prácticas laborales protegidas, facilitando así una inserción inicial menos precaria. En este esquema, el fortalecimiento de las oficinas de empleo municipales resulta vital como espacios de orientación y validación de competencias.
Finalmente, la articulación territorial aparece como el eslabón necesario para que estas políticas lleguen a quienes más lo necesitan. Martini, al referirse al Programa Federal para la Juventud 2030, explica que el objetivo es conectar a los municipios con los sectores productivos para ofrecer capacitación gratuita en nuevas tecnologías. Al respecto, sostiene que “el impacto del programa depende de su despliegue territorial: la presencia municipal es clave porque permite identificar necesidades concretas e incluir a jóvenes que suelen quedar fuera de las ofertas educativas tradicionales”. De esta manera, se busca que el sistema no solo mida la participación, sino que garantice la continuidad educativa y laboral de una generación que hoy se encuentra mayoritariamente en la informalidad.
La desinserción prolongada no solo tiene costos económicos, sino también emocionales, derivando en aislamiento y pérdida de motivación. El informe concluye que, sin una intervención integral que combine educación técnica, políticas de cuidado y estabilidad macroeconómica, el entramado de exclusión juvenil seguirá reproduciéndose de generación en generación.
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