El hospital de clínicas advierte sobre los riesgos de los vapeadores.
Tras la reciente medida que deroga la prohibición sobre la venta de cigarrillos electrónicos, especialistas del Hospital de Clínicas de la UBA alertan sobre los efectos adictivos y tóxicos que tienen estos dispositivos en la salud y su impacto en adolescentes. Se estima que el 30% de los jóvenes de entre 14 y 18 años los ha probado alguna vez.

En 2023, el Ministerio de Salud establecía la prohibición de la importación, venta y promoción de los dispositivos electrónicos para inhalar vapores o aerosoles de tabaco, incluyendo sus accesorios. Tres años después, recientemente entró en vigencia la Resolución 549/2026, a partir de la cual esa prohibición es derogada y reemplazada por un nuevo régimen regulatorio para el registro, comercialización y fiscalización de productos de tabaco y nicotina.
En este contexto, y en el marco del Día Mundial Sin Tabaco, especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires advierten sobre los riesgos asociados a su consumo y el posible impacto en la salud pública, especialmente entre adolescentes. “Si bien podrían ser menos tóxicos que los cigarrillos combustibles (al no quemarse papel y otras sustancias), los vapeadores no son inocuos porque producen distintos daños a la salud, como el deterioro de los pulmones y el favorecimiento a la adicción a la nicotina”, sostiene el Dr. Raúl Mejía, médico consultor del Departamento de Medicina Ambulatoria del Hospital de Clínicas de la UBA (MN 62.123), especializado en tabaquismo.
Según la OMS, el consumo de tabaco y la exposición al humo siguen siendo una de las principales causas de cáncer, enfermedades cardiovasculares y respiratorias causando en el mundo más de 8 millones de muertes cada año. En el caso de los vapeadores, en Argentina el 30% de los adolescentes de entre 14 y 17 años asegura haberlos probado alguna vez, de acuerdo con datos de CEDES. De acuerdo con otra investigación de esta institución, se comprobó que tanto en Argentina como en México el uso de los vapers es la puerta de entrada al cigarrillo convencional.
“Los vapeadores suelen tener sabores, diseños y estrategias de marketing muy atractivas para adolescentes, resultando especialmente vulnerables”, explica Evangelina Membriani, médica neumonologa del Hospital de Clínicas (MN 132.813).

De acuerdo con información provista por el propio Ministerio de Salud, el cigarrillo electrónico emite aerosol con numerosas sustancias tóxicas y cancerígenas. Al respecto, Membriani advierte que “aunque muchas personas creen que el vapor es solo ‘agua’, en realidad contiene múltiples sustancias potencialmente tóxicas”. Y aclara que “al no haber estado regulado hasta el momento, no se conoce fehacientemente qué contiene cada dispositivo, pero sí se sabe que los vapeadores suelen contener nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes y múltiples compuestos químicos que al calentarse liberan sustancias químicas capaces de causar estrés oxidativo con inflamación pulmonar y alteraciones cardiovasculares”.
En relación a las consecuencias del vapeo, Membriani explica que las investigaciones de los últimos años indican que los cigarrillos electrónicos pueden causar riesgo para la salud como enfermedades pulmonares, cardiovasculares y oncológicas. Incluso, el consumo combinado de tabaco y cigarrillo electrónico parece aumentar aún más el riesgo de cáncer y enfermedades relacionadas al tabaquismo.
Entre los principales riesgos, la especialista destaca la adicción a la nicotina; la inflamación e irritación de las vías respiratorias, con síntomas como tos crónica, disnea o falta de aire; broncoespasmos y empeoramiento del asma. Además, indica que se han descrito daños pulmonares asociados al vapeo —conocidos por la sigla en inglés EVALI—, una enfermedad pulmonar aguda que puede presentarse pocas horas después de su uso. También se registraron casos de hemorragia alveolar y proteinosis alveolar, así como efectos cardiovasculares, entre ellos el aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial.
Por último, estos productos también pueden afectar la salud de terceros, ya que la exposición secundaria al aerosol puede causar problemas respiratorios e incluso intoxicaciones agudas en niños y lactantes.

“Al dejar de vapear, disminuye la exposición a nicotina y sustancias irritantes pudiendo mejorar los síntomas como tos y disnea y disminuye el riesgo de daño progresivo”, indica Membriani.
A su vez, aclara que los tiempos de recuperación dependerá de cada caso particular, en función del tipo de daño presente. “Por ejemplo, un cuadro de asma exacerbado por el vapeo podría ser reversible sin embargo, una enfermedad pulmonar aguda puede costar la vida a un paciente o de causar enfermedad pulmonar obstructiva crónica como su nombre lo indica, seria crónica, no se recupera el daño en funcionalidad pulmonar causado”, explica.
Por último, señala: “Existe mucha desinformación y marketing orientado a hacer parecer que los vapeadores son seguros. Sin embargo, hoy sabemos que generan adicción y pueden afectar la salud respiratoria y cardiovascular. Cuanto antes se abandone el consumo, mayores son las posibilidades de evitar daños y consecuencias a largo plazo”.
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