Milei sacrificó capital político por Adorni y abrió una ventana para el regreso de Bullrich y Macri

Por Lucila Cardaci
La consolidación de Manuel Adorni como principal apuesta electoral de Javier Milei en la Ciudad de Buenos Aires terminó generando consecuencias que van mucho más allá de una elección local. Lo que en la Casa Rosada fue concebido como una demostración de fuerza de Karina Milei y del armado libertario puro comienza a mostrar costos políticos inesperados: tensiones internas, pérdida de aliados y el resurgimiento de figuras que parecían haber quedado relegadas dentro del esquema oficialista.
Durante los últimos meses, el Presidente decidió profundizar una estrategia centrada en la construcción de una fuerza propia, subordinado acuerdos políticos y sacrificando vínculos que habían sido fundamentales para sostener la gobernabilidad desde el inicio de su gestión. El triunfo de Adorni fortaleció a Karina Milei dentro del oficialismo, pero también aceleró contradicciones que hoy empiezan a emerger con mayor claridad.
El conflicto por el pliego de la jueza María Verónica Michelli expuso esas fracturas. La decisión impulsada desde el entorno presidencial de retirar su candidatura por su parentesco con el periodista Hugo Alconada Mon terminó provocando una reacción inesperada dentro del propio oficialismo. Patricia Bullrich tomó distancia públicamente, cuestionó la medida y dejó en evidencia que estaba dispuesta a marcar diferencias con la conducción política de Karina Milei. El episodio concluyó con una derrota para la Casa Rosada cuando el Senado terminó aprobando el nombramiento de la magistrada pese a la resistencia presidencial.
A partir de ese momento comenzó a producirse un fenómeno que varios dirigentes libertarios observan con atención: el fortalecimiento progresivo de Bullrich. La ministra pasó de ser una dirigente incorporada al universo libertario a transformarse nuevamente en un actor con peso propio. Incluso dentro del Gobierno empezaron a registrarse movimientos que reflejan esa nueva relación de fuerzas. La decisión de Alejandra Monteoliva de promover a funcionarios vinculados políticamente a Bullrich fue leída como una señal de reordenamiento interno y como un reconocimiento al crecimiento de la ex candidata presidencial dentro del oficialismo.

La propia Bullrich parece haber interpretado que se abrió una oportunidad. Sus recientes movimientos políticos muestran a una dirigente menos condicionada por las decisiones de Karina Milei y más enfocada en preservar un proyecto propio hacia 2027. En ese contexto, también comenzó a tomar distancia de una eventual candidatura porteña, enviando señales de que sus aspiraciones se encuentran en una escala mucho mayor que una disputa local.
Mientras tanto, otro dirigente que percibió el cambio de clima fue Mauricio Macri. El ex presidente venía manteniendo una relación ambigua con Milei: acompañamiento en materia económica, pero creciente incomodidad con el funcionamiento político del Gobierno. Esa tensión se volvió cada vez más explícita durante las últimas semanas.

Las declaraciones de Macri cuestionando el liderazgo presidencial y advirtiendo sobre los riesgos de los errores éticos marcaron un punto de inflexión. El líder del PRO comenzó a abandonar la posición de aliado silencioso para recuperar protagonismo propio. En distintos ámbitos políticos se interpreta que el ex mandatario entiende que la estrategia de «todo o nada» impulsada por Karina Milei puede terminar debilitando las posibilidades de construir una mayoría estable para 2027.
La preocupación no es menor. Diversos gobernadores, sectores aliados y referentes territoriales observan con inquietud el creciente cierre del círculo presidencial sobre figuras de extrema confianza, mientras se reducen los espacios para acuerdos políticos más amplios. Esa lógica, que permitió consolidar el liderazgo interno de Karina Milei, también está generando resistencias entre dirigentes que consideran imprescindible ampliar la base de sustentación del proyecto libertario.
Por eso, en los pasillos de la política nacional comienza a instalarse una hipótesis que hace apenas unos meses parecía improbable: que la apuesta de Milei por fortalecer exclusivamente a Adorni y al núcleo político conducido por su hermana terminó debilitando otras piezas fundamentales de su coalición. Y que, paradójicamente, quienes más aprovecharon ese escenario fueron Patricia Bullrich y Mauricio Macri.
Ambos parecen haber llegado a la misma conclusión. Si el oficialismo atraviesa una etapa de desgaste, reacomodamiento interno y disputa por la conducción política, existe una oportunidad para volver a disputar liderazgo, influencia y capacidad de decisión dentro del espacio que gobierna la Argentina.
La gran incógnita es si Javier Milei advertirá a tiempo el costo político de esa estrategia o si continuará profundizando un esquema de poder que, aunque exitoso para consolidar a su círculo más cercano, podría terminar fortaleciendo a quienes ya comienzan a prepararse para la gran disputa presidencial de 2027.
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