La crisis interna del oficialismo se agrava: Milei enfrenta tensiones con Bullrich, presión del PRO y el escándalo Adorni

Por Lucila Cardaci
El Gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos políticos más delicados desde el inicio de la gestión. Las disputas internas dentro de La Libertad Avanza, las crecientes diferencias con dirigentes aliados y el impacto político del caso que involucra al vocero presidencial Manuel Adorni comenzaron a exponer una fuerte crisis de conducción en la Casa Rosada. En los últimos días, las tensiones dejaron de ser rumores internos y pasaron a expresarse públicamente, con declaraciones, reuniones de emergencia y movimientos políticos que muestran un escenario de creciente fragilidad para el oficialismo.
Uno de los episodios que más repercusión generó fue la confirmación, por parte de Patricia Bullrich, de un fuerte cruce protagonizado por Milei durante una reunión de gabinete. La ministra reconoció públicamente que el Presidente “tiene una emocionalidad importante”, validando así las versiones que señalaban que Milei había levantado el tono y protagonizado una discusión cargada de tensión con integrantes del Gobierno. Aunque Bullrich evitó profundizar en los detalles del encuentro, sus palabras fueron interpretadas como una admisión de los problemas internos que atraviesa la administración libertaria.
La situación no pasó desapercibida dentro del propio oficialismo. Distintos sectores comenzaron a cuestionar el estilo de conducción presidencial y la dificultad del Gobierno para contener las crisis políticas sin caer en enfrentamientos internos. En las últimas semanas, la gestión libertaria mostró señales de desgaste no solo por los problemas económicos y el deterioro social, sino también por las disputas personales dentro del núcleo de poder que rodea a Milei.
En ese contexto, Bullrich empezó a tomar distancia del círculo más cercano al Presidente, especialmente de Karina Milei, quien concentra cada vez más poder político dentro de la estructura libertaria. Según trascendió, la ministra decidió diferenciarse de las denuncias y sospechas de corrupción que comenzaron a rodear al entorno presidencial y dejó trascender que no le preocupa una eventual reacción negativa de la secretaria general de la Presidencia. El movimiento fue leído dentro del Gobierno como un intento de Bullrich de preservar su capital político y evitar quedar arrastrada por un posible deterioro de la imagen presidencial.
La creciente centralidad de Karina Milei también comenzó a generar incomodidad en distintos sectores aliados. Varios dirigentes cuestionan el nivel de influencia que tiene sobre las decisiones políticas y electorales del oficialismo, así como la falta de construcción territorial de La Libertad Avanza fuera del liderazgo presidencial. Esa debilidad estructural empezó a preocupar especialmente al PRO, que observa cómo el desgaste del Gobierno puede terminar afectando a todos los sectores que acompañaron el proyecto libertario.
Por eso, en paralelo a la crisis interna libertaria, Mauricio Macri aceleró la estrategia de diferenciación del PRO respecto del Gobierno nacional. El ex presidente reunió a dirigentes territoriales bonaerenses y comenzó a ordenar políticamente a los sectores del partido que responden a él con el objetivo de evitar una absorción total por parte de La Libertad Avanza. La discusión se volvió especialmente intensa en la provincia de Buenos Aires, donde el PRO teme perder definitivamente estructura, intendentes y armado político frente al avance libertario.
Dentro del macrismo consideran que el Gobierno nacional atraviesa una etapa de fuerte desgaste político y que la estrategia de subordinación absoluta a Milei podría terminar destruyendo la identidad del PRO. Además, varios dirigentes vienen cuestionando la falta de construcción territorial libertaria y sostienen que La Libertad Avanza intentó crecer electoralmente utilizando estructuras ajenas sin desarrollar equipos propios en los municipios y provincias.
El malestar dentro del PRO también creció por la dinámica de poder que impuso la Casa Rosada desde el inicio de la gestión. Cerca de Macri entienden que el oficialismo buscó permanentemente disciplinar a los aliados mientras concentraba las decisiones en un grupo muy reducido de funcionarios y armadores políticos vinculados a Karina Milei y Santiago Caputo. Esa lógica generó tensiones incluso con dirigentes que inicialmente acompañaron el rumbo económico del Gobierno.
A la vez, el escándalo alrededor de Manuel Adorni sumó otro frente de conflicto para el oficialismo. El presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, convocó a una sesión especial para avanzar con pedidos de interpelación al vocero presidencial, en medio de cuestionamientos opositores y sospechas vinculadas a su situación patrimonial. La convocatoria amenaza con convertirse en un nuevo golpe político para el Gobierno, que intenta evitar que el caso escale institucionalmente y se transforme en una crisis parlamentaria de mayor magnitud.

En este escenario, la Casa Rosada activó reuniones políticas de urgencia para intentar recuperar el control de la agenda pública. El Gobierno reunió a su mesa política con la intención de lanzar nuevas reformas y anuncios que permitan desplazar el foco mediático del caso Adorni y volver a instalar la discusión económica. Sin embargo, puertas adentro reconocen que el impacto político del escándalo y las peleas internas complicaron seriamente el clima dentro del oficialismo.
La principal preocupación del Gobierno es que la acumulación de conflictos empiece a erosionar el liderazgo presidencial. Hasta ahora, Milei había logrado sostener altos niveles de centralidad política incluso en momentos de crisis económica, pero las disputas internas, los cuestionamientos de aliados históricos y las sospechas sobre funcionarios cercanos comenzaron a afectar la imagen de cohesión que intentaba mostrar la administración libertaria.
Además, la tensión entre los distintos sectores oficialistas deja en evidencia una contradicción cada vez más visible: mientras Milei continúa apostando a la confrontación permanente como método político, varios dirigentes aliados consideran que el Gobierno necesita ampliar acuerdos, ordenar internamente la gestión y construir una estructura más sólida para sostenerse en el tiempo. La falta de articulación política, los enfrentamientos personales y la creciente concentración de decisiones en un núcleo reducido aparecen hoy como algunos de los principales problemas de la administración libertaria.
Con el Congreso convertido nuevamente en un escenario de conflicto, el PRO tomando distancia y las internas dentro del oficialismo cada vez más expuestas, el Gobierno enfrenta una etapa marcada por la incertidumbre política y por la dificultad para contener las tensiones que atraviesan al espacio libertario.
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