Despidos en la CNEA: crece el conflicto por el ajuste en el organismo que sostiene el programa nuclear argentino
La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) denunció que el gobierno de Javier Milei avanzó con más de 170 despidos en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

Durante los últimos días, empleados del organismo realizaron protestas y permanencias en la sede central de Núñez, denunciando que las desvinculaciones afectan áreas estratégicas para el funcionamiento de la institución. La intervención de Gendarmería y los incidentes registrados durante las manifestaciones profundizaron la tensión, mientras las autoridades convocaron a una mesa de negociación con los sindicatos.
El Gobierno argumenta que las bajas alcanzan principalmente a personal administrativo, asegurando que no fueron afectados investigadores ni operadores especializados. Sin embargo, trabajadores y gremios rechazaron esa explicación y sostienen que entre los despedidos existen técnicos y profesionales con varios años de experiencia que cumplían funciones esenciales para el funcionamiento cotidiano del organismo. También denunciaron que la pérdida de personal impacta en áreas vinculadas a la producción de radioisótopos, laboratorios de alta complejidad, control de calidad y apoyo técnico a proyectos nucleares.
El conflicto escaló aún más cuando trabajadores y delegados de ATE realizaron una permanencia en la sede central de la CNEA, respondido por un operativo de desalojo, llevado adelante por efectivos de Gendarmería Nacional y otras fuerzas federales, derivó en momentos de tensión, empujones y denuncias por el uso desproporcionado de la fuerza contra manifestantes. Para los gremios, la respuesta oficial evidencia una política que combina el ajuste sobre organismos estratégicos con una creciente criminalización de la protesta social, reemplazando el diálogo con medidas de seguridad frente a los reclamos de los trabajadores.

El conflicto se produce en un contexto de fuerte ajuste sobre el sistema científico nacional. Desde la llegada de Milei al gobierno, la CNEA sufrió una reducción presupuestaria, una caída del poder adquisitivo de sus trabajadores y la desaceleración de varios proyectos considerados estratégicos. Entre ellos sobresale el reactor modular CAREM, emblema del desarrollo tecnológico argentino, cuya construcción avanzó a un ritmo considerablemente menor por la falta de financiamiento. A ello se suma la incertidumbre sobre distintas líneas de investigación vinculadas al ciclo del combustible nuclear y otras capacidades desarrolladas durante décadas por el organismo.
Para los sindicatos, las cesantías representan mucho más que una reducción de personal. Afirman que la pérdida de recursos humanos especializados compromete capacidades técnicas difíciles de reconstruir y forma parte de un proceso de desmantelamiento gradual de uno de los organismos científicos más importantes del país. Además, cuestionan que el ahorro fiscal obtenido sea mínimo frente al costo estratégico de debilitar una institución que participa en el desarrollo de reactores, medicina nuclear, producción de radioisótopos y tecnología para la industria nacional.

Lejos de tratarse únicamente de un conflicto gremial, los despidos en la CNEA trae el temor de un nuevo capítulo del profundo retroceso que está atravesando el sistema científico y tecnológico argentino. La política nuclear fue, durante más de setenta años, una de las principales herramientas del Estado para impulsar el desarrollo industrial, la innovación y la soberanía tecnológica y el desmantelamiento de esas capacidades no implica solo la pérdida de puestos de trabajo si no que pone en riesgo una de las principales puntas de lanza del desarrollo nacional, en un contexto internacional donde las grandes potencias vuelven a invertir en ciencia, energía y tecnología como pilares de su competitividad y autonomía estratégica.
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