Cuba bajo presión: nuevas sanciones de Trump profundizan la crisis.

La situación económica de Cuba atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años.

Por Iñaki Darraidou Sustas

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Durante la última semana, la administración de Donald Trump profundizó su política de presión sobre La Habana mediante nuevas sanciones dirigidas contra el presidente Miguel Díaz-Canel, miembros de su entorno cercano, familiares de Raúl Castro y diversas instituciones vinculadas al Estado cubano. Esto en un escenario donde Estados Unidos retira su foco de atención en medio oriente tras la búsqueda de  negociaciones con Irán. Las medidas llegan además en un contexto marcado por la escasez de energía, la caída del turismo, la reducción de inversiones extranjeras y el creciente aislamiento financiero de la isla.

Entre las decisiones de mayor impacto se encuentra la interrupción de las operaciones de Visa y Mastercard en Cuba a partir del 6 de junio. La medida se produjo luego de que el banco extranjero encargado de procesar las transacciones decidiera romper vínculos con Fincimex, una entidad financiera vinculada al conglomerado estatal Gaesa, para evitar sanciones estadounidenses. La decisión afecta directamente al turismo, a las remesas y a numerosas operaciones comerciales que dependían de estos sistemas de pago internacionales.

La presión de las sanciones también se sienten de forma directa en el Turismo, históricamente una de las principales fuentes de divisas de la economía cubana. Durante las últimas semanas varias empresas extranjeras redujeron o modificaron su presencia en la isla ante el temor a verse alcanzadas por las sanciones secundarias impulsadas por Washington. La salida o reducción de operaciones de cadenas hoteleras internacionales agrava la situación de un sector que ya venía golpeado por la caída del turismo internacional y las dificultades energéticas que afectan al país.

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Las nuevas sanciones forman parte de una estrategia más amplia impulsada por la Casa Blanca desde comienzos de 2026. La administración Trump sostiene que estas medidas buscan aumentar la presión sobre la dirigencia cubana y promover cambios políticos en la isla. Sin embargo, desde el gobierno cubano denuncian que se trata de una política destinada a provocar el colapso económico del país mediante restricciones financieras, comerciales y energéticas.

La ofensiva estadounidense ha generado reacciones en distintos países de América Latina y Estados Unidos. Gobiernos de izquierda y centroizquierda, junto a movimientos sociales, sindicatos y organizaciones de solidaridad, denunciaron las sanciones como una forma de injerencia externa y llamaron a defender la soberanía cubana frente a la presión de Washington. Durante los últimos días se multiplicaron las campañas de apoyo a Cuba impulsadas por organizaciones políticas, movimientos populares y espacios de integración regional, que históricamente se opusieron al embargo estadounidense, buscando establecer presión diplomática sobre los esfuerzos estadounidenses por forzar el cambio de gobierno e intentar conseguir apoyos materiales para Cuba como ayuda financiera, ayuda alimentaria o fuentes de energía renovables.

En este contexto, Cuba parece encontrarse atrapada entre dos dinámicas simultáneas. Por un lado, una renovada política de máxima presión impulsada por Washington que busca aislar económica y financieramente al país. Por otro, la necesidad de encontrar respuestas internas capaces de reactivar la economía, recuperar la confianza de los inversores y mejorar las condiciones de vida de una población que enfrenta apagones, escasez y una creciente emigración.

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Las medidas anunciadas durante los últimos días muestran que la confrontación entre Estados Unidos y Cuba ha ingresado en una nueva etapa. La incógnita es si el endurecimiento de las sanciones logrará los cambios políticos buscados por Washington o si, como sostienen sus críticos en América Latina, terminará profundizando una crisis cuyos principales costos recaen sobre la sociedad cubana.

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