CRISIS EN LA CASA ROSADA: presiones cruzadas, escándalo político y disputa por el poder en torno a Adorni

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Por Lucila Cardaci

La interna del gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más delicados desde el inicio de la gestión, con el foco puesto en la situación de Manuel Adorni y una creciente disputa por el control político del gabinete. En los últimos días, una serie de revelaciones sobre presuntos vínculos del funcionario con contratistas y manejos irregulares encendieron alarmas dentro del oficialismo y generaron un fuerte impacto político que rápidamente se trasladó al plano interno del poder. Las versiones que circularon sobre pagos en efectivo y trabajos en propiedades vinculadas a Adorni instalaron dudas sobre su patrimonio y deterioraron su posición, transformándolo de figura central en la comunicación del gobierno a un problema político que amenaza con escalar.

En ese contexto, el ministro de Economía Luis Caputo adoptó un rol determinante al expresar su preocupación por las consecuencias que el escándalo podría tener sobre la estabilidad económica y la credibilidad del gobierno. Distintas fuentes coinciden en que Caputo habría presionado directamente a Karina Milei para que avance en la salida de Adorni, bajo la lógica de que sostenerlo podría agravar la desconfianza en un momento particularmente sensible para el programa económico. La tensión revela una diferencia de prioridades dentro del oficialismo: mientras el núcleo político más cercano al presidente busca sostener lealtades, el equipo económico privilegia enviar señales de orden y previsibilidad hacia los mercados.

Karina Milei aparece así en el centro de la escena como la figura clave para definir el desenlace, concentrando poder político en la toma de decisiones y funcionando como articuladora entre las distintas facciones del gobierno. En medio de la crisis, mantuvo encuentros con dirigentes relevantes, entre ellos Martín Menem, lo que alimentó las especulaciones sobre posibles cambios en el gabinete. El nombre de Menem comenzó a circular como uno de los principales candidatos para reemplazar a Adorni en caso de una salida, aunque las versiones indican que el propio dirigente no estaría interesado en asumir ese rol y habría impulsado como alternativa al ministro de Defensa Luis Petri, en una maniobra que expone las tensiones internas y negociaciones cruzadas dentro del oficialismo.

La discusión por la sucesión dejó al descubierto una interna más profunda que excede el caso puntual de Adorni y refleja una puja por el poder dentro del gobierno. Por un lado, se encuentra el círculo íntimo del presidente, con Karina Milei como figura central en la conducción política; por otro, el equipo económico encabezado por Caputo, que busca preservar la estabilidad macroeconómica y evitar que el escándalo impacte en variables sensibles; y en paralelo, actores políticos que intentan ganar protagonismo en la estructura de decisión. Esta fragmentación se volvió evidente a partir de la crisis y aceleró los movimientos internos.

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El impacto no es solo puertas adentro. En el plano político, el caso debilita la imagen del gobierno y ofrece argumentos a la oposición. En el plano institucional, complica la articulación legislativa en un contexto donde el oficialismo necesita sostener acuerdos para avanzar con su agenda. Y en el plano económico, introduce un factor de incertidumbre, lo que explica la urgencia de algunos sectores por resolver la situación de manera rápida y contundente.

A pesar de la presión creciente, Milei mantiene por ahora un respaldo formal a Adorni, aunque el escenario es inestable y está sujeto a cambios en el corto plazo. Las reuniones internas, las presiones cruzadas y la evolución de las denuncias marcarán el ritmo de las decisiones. La disyuntiva es clara: sostener a un funcionario cuestionado y asumir el costo político, o avanzar en su desplazamiento y reconfigurar el equilibrio interno del gobierno. En cualquiera de los casos, la crisis ya dejó una señal evidente sobre el funcionamiento del oficialismo, mostrando que detrás del discurso de cohesión conviven tensiones, intereses y disputas que pueden condicionar el rumbo de la gestión.

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