Villarruel profundiza su distancia con Milei y vuelve a apuntar contra Adorni: “Todos estamos esperando la declaración jurada”

Por Lucila Cardaci
La vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, volvió a quedar en el centro de la escena política tras lanzar una nueva crítica indirecta al entorno presidencial y reclamar públicamente explicaciones sobre la situación patrimonial de Manuel Adorni.
“Estamos todos esperando la declaración jurada de Adorni”, afirmó Villarruel durante una visita a Rosario, donde participó de una misa en homenaje a su padre, Eduardo Villarruel, excombatiente de Malvinas fallecido durante la pandemia. La frase tuvo un fuerte impacto político porque se produjo en medio de la creciente crisis interna que atraviesa el oficialismo y volvió a exponer la fractura entre la vicepresidenta y el núcleo duro del Gobierno de Javier Milei.
La declaración de Villarruel no fue aislada. En los últimos meses, la vicepresidenta acumuló una serie de diferencias públicas con la Casa Rosada y especialmente con el círculo de confianza presidencial encabezado por Karina Milei y el asesor Santiago Caputo. Las tensiones internas dejaron de ser rumores para convertirse en una disputa abierta dentro de La Libertad Avanza.
El vínculo entre Milei y Villarruel comenzó a deteriorarse poco tiempo después de asumir el gobierno. Aunque ambos compartieron fórmula presidencial en 2023, con el correr de los meses aparecieron diferencias ideológicas, estratégicas y personales. Mientras Milei consolidó un esquema de conducción muy cerrado alrededor de Karina Milei y Caputo, Villarruel fue quedando progresivamente desplazada de las decisiones centrales del Ejecutivo.
Uno de los primeros episodios que evidenció la fractura ocurrió tras la polémica por los cánticos contra Francia durante la Copa América 2024. En ese momento, Villarruel salió a respaldar públicamente a la Selección argentina y cuestionó las críticas internacionales, mientras el Gobierno buscaba bajar la tensión diplomática con Francia. Desde la Casa Rosada tomaron distancia de sus declaraciones y el entonces vocero presidencial, Adorni, reconoció públicamente que existían diferencias entre el Presidente y su vice.
Las discrepancias también aparecieron en materia de defensa y política exterior. Villarruel criticó abiertamente acuerdos impulsados por el Gobierno con el Reino Unido vinculados a las Islas Malvinas y se mostró en desacuerdo con la posibilidad de utilizar a las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interior, una postura que chocó con sectores del oficialismo.
Con el paso del tiempo, el enfrentamiento escaló. Milei llegó incluso a afirmar públicamente que la relación con Villarruel estaba “rota” y la acusó de tener agenda propia y vínculos con la “casta política”. Desde entonces, la vicepresidenta comenzó a mostrarse cada vez más autónoma, fortaleciendo su perfil institucional desde el Senado y manteniendo contactos con gobernadores, sectores militares y dirigentes del peronismo federal y del PRO.
En paralelo, dentro del oficialismo crecieron versiones sobre intentos de desplazar políticamente a Villarruel o quitarle espacios de poder en el Senado. En las últimas semanas incluso circularon rumores sobre movimientos impulsados por sectores cercanos a Patricia Bullrich para disputar lugares estratégicos dentro de la Cámara alta.
El nuevo cruce por Adorni volvió a dejar en evidencia esa interna. El actual jefe de Gabinete enfrenta cuestionamientos vinculados a presuntas inconsistencias patrimoniales y demoras en la presentación de documentación oficial, en una causa que comenzó a generar preocupación dentro del Gobierno.

En ese contexto, la frase de Villarruel fue interpretada como un mensaje político directo hacia el corazón del oficialismo. Además, la vicepresidenta buscó diferenciarse del estilo confrontativo del Gobierno al afirmar que ella se maneja “con respeto hacia todos los sectores” y remarcar la necesidad de mantener la convivencia democrática.
La situación ocurre en un momento particularmente delicado para la administración libertaria, atravesada por disputas internas entre distintos sectores del poder, tensiones entre funcionarios y fuertes cruces públicos que ya impactan en el funcionamiento político del Gobierno.
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