Una de cal y una de arena en River: del césped dañado tras AC/DC al ambicioso plan de obras

El socio de River Plate amaneció este jueves con una jornada de contrastes marcados: de la preocupación por el estado del campo de juego a la expectativa renovada por el futuro del estadio Mas Monumental.

Por Celeste Gomis.

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La primera imagen del día no fue alentadora. Tras el paso de los recitales de AC/DC, el césped del estadio mostró un deterioro evidente. Lo que hasta hace pocas semanas era una superficie de última generación, destacada incluso a nivel internacional, apareció visiblemente castigada, con zonas secas, irregulares y con pérdida de cobertura vegetal.

Desde el club aseguraron que ya se activaron los protocolos de recuperación, un proceso que demandará trabajos intensivos en los próximos días para intentar llegar en condiciones a los compromisos oficiales. Sin embargo, el episodio volvió a poner en discusión un tema sensible: el impacto que tienen los eventos masivos en un estadio diseñado también para la alta competencia deportiva.

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En paralelo, y casi como respuesta al clima de críticas, la dirigencia decidió cambiar el eje de la conversación con un anuncio de peso. River presentó los planos de una nueva etapa de obras en el Monumental, un proyecto que busca profundizar la transformación estructural y tecnológica que el estadio viene atravesando en los últimos años.

La iniciativa contempla mejoras en accesos, circulación interna y servicios para los socios, además de una optimización general de la visual desde las tribunas. El objetivo es claro: consolidar al Monumental como uno de los recintos más modernos y funcionales de Sudamérica, con estándares cada vez más cercanos a los estadios europeos.

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En ese marco, el club también confirmó el respaldo financiero para avanzar con las obras: River Plate recibirá un préstamo por US$100.000.000 del Banco Interamericano de Desarrollo y del CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, destinado a la ampliación y el techado del estadio.

Pero como suele ocurrir en el fútbol argentino, lo estrictamente institucional no quedó aislado del folclore. En la comunicación oficial, el club incluyó una referencia a una capacidad de 110.000 espectadores “reales”, un término que fue rápidamente interpretado como una chicana directa hacia Boca Juniors.

La frase no pasó desapercibida y encendió el debate en redes sociales, donde hinchas de ambos clubes retomaron una discusión histórica: la comparación entre estadios, capacidades y convocatorias. En ese contexto, River aprovechó su proceso de expansión para marcar una posición simbólica, combinando gestión con un guiño a la rivalidad.

Así, entre el impacto negativo por el estado del campo de juego y el entusiasmo por las obras anunciadas, el club logró instalarse una vez más en el centro de la agenda.

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