Rosalía y Mariana Enriquez: sobre la obsesión 

La autora de “Los peligros de fumar en la cama” y la cantante española protagonizaron una charla en el ciclo de Spotify Presenta. 

 Por Guadalupe Luna

miniatura-video-rosalia-mariana-enriquez_96-1024x576 Rosalía y Mariana Enriquez: sobre la obsesión 

La decisión de Spotify fue juntarlas para responder el cuestionario Proust, una herramienta popular para conocer en profundidad la identidad del encuestado. El escritor Marcel Proust fue la primera celebridad que respondió a esta serie de preguntas y, por eso, fue bautizada en su honor. La indagatoria encabeza cuestiones ligadas a los aspectos más íntimos que conciernen al ser humano: virtudes y defectos propios y ajenos, preferencias culturales, mayores miedos y ambiciones. El furor de la versión Rosalía-Enriquez hace que los clips del encuentro no paren de proliferar, aunque lleve publicada, tan solo, 24 horas. 

 La conversación no fue lo único notable: la cita tuvo lugar en “Los Galgos”, un café porteño de renombre. Ambas artistas repararon en la historia del establecimiento y en lo ruidoso de la esquina de Callao y Lavalle. El rumbo del intercambio lo llevó Mariana Enriquez, quien conocía el test a la perfección e incluso le realizó algunas modificaciones. 

 El respeto entre las dos es un hecho, pero la admiración con la que Rosalía mira y escucha a la escritora es, además de innegable, apasionante. Su asombro por la locuacidad con la que la persona sentada enfrente de ella se expresa, hace olvidar, por un momento, la grandeza de Rosalía. Su fanatismo no está oculto: menciona la fascinación por su prosa y cómo su hermana la introdujo a su literatura. Enriquez parece saber exactamente con quién está compartiendo un café. La mística que envuelve a la creadora de “Lux”, e incluso hace referencia a “Magnolias”, el último track de su álbum. Su sobriedad, sin embargo, no nos deja ver si la discografía de Rosalía se cuela en su playlist. 

 El rasgo que, según Rosalia, la define ante el exterior es la valentía: el placer de ponerse en riesgo. La escritora que narra el terror argentino se define por su personalidad compulsiva. “Si no estoy obsesionada con algo, no me interesa”, aclara Enriquez. A quien escribió e interpretó “El mal querer” no la paraliza y profundiza en el relato de la obsesión en paralelo con el amor: “¿Por qué uno querría amar poco?” La autora concluye: “Obsesionarse es un enamoramiento permanente”. La abstracción es, aunque reniegue, la forma de sobrellevar esa hiperfijación con las cosas sobre las que luego escribe. El aislamiento absoluto es, para ambas, una fantasía por cumplir. 

 Las preguntas, aquellas que luego serían tildadas de binarias, las interrogan acerca de los rasgos masculinos. “Lo que más me gusta de un hombre es que sea gay”, exclama Rosalía y genera complicidad con Mariana Enriquez. La castidad como figura central de su era actual, en resonancia con la estética celestial, hace que esta afirmación sea icónica por demás. Ante la indagación sobre sus ocupaciones, la cantante señala: “buscar a Dios o aprender de otros”. “Es casi lo mismo, es encontrar a Dios en los otros”, retruca la escritora argentina. Rosalía sonríe ante este nuevo sentido. 

 La música y los conciertos fueron objeto de la charla de dos mujeres que la respiran: Rosalía la hace, Enriquez la cuenta. La escritora contemporánea más importante de nuestro país narra la experiencia sublime de un concierto de Nick Cave en el que el suministro eléctrico se cortó y tuvo que cantar acapella. Quien escribió lo más terrorífico del mundo urbano se sirve de la miseria del país para argumentar lo fantástico de un público que no tiene comparación. La demagogia no entra en su registro.  

 El deseo de hacer menos de Rosalía se encuentra con la ambición de Enriquez de dignificar el no hacer nada, a contrapelo de un mundo que siempre quiere más. En el momento de hablar de literatura, si bien ambas comparten sus lecturas, Rosalía anota lo que su interlocutora le recomienda. Citar “morir es un arte, yo lo hago excepcionalmente bien”  de Sylvia Plath es un acto de defensa a la pesadumbre, terreno fecundo para la carrera de ambas. Hablan de héroes de ficción, de la vejez que persiste en reírse y de lo bello del saber hacer.  

 Se identifican en intentar buscar la paciencia y desencontrarse con la irascibilidad. Rosalía le pregunta acerca del FOMO (Fear of Missing Out) y la argentina le responde: “Demasiados libros, muy poco tiempo”.  El hambre por seguir que acarrea el término es la salvedad que le hacen a su connotación negativa. 

 El cierre lo da la última intervención de la escritora de “Nuestra parte de noche”: ¿Qué quisieras que te diga Dios en las puertas del cielo? Rosalía se queda perpleja y no sabe qué responder. “Me conformo con que me dé la bienvenida», agrega la argentina y luego bromean sobre una fiesta en el infierno.

Ojalá poder pasar la eternidad donde sea que se vuelvan a encontrar Rosalía y Mariana Enriquez.

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