¿Por qué las segundas partes suelen condenar a los ídolos del fútbol?

A partir de la salida de Gallardo de River tras una mala racha en todo el primer tramo de la Liga Profesional de Fútbol, no podemos evitar preguntarnos ¿a qué otros técnicos del fútbol argentino se les dieron segundas chances y no lograron igualar resultados?

Por Celeste Gomis.

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El anuncio de la renuncia de Marcelo Gallardo a su segundo ciclo en River no es solo una noticia deportiva; es la confirmación de una regla no escrita del fútbol argentino: las segundas partes rara vez logran empatar con la memoria.

​El problema no es el presente, sino el recuerdo. Cuando Gallardo cruzó el túnel del Monumental en 2024, el hincha no solo esperaba a un DT; esperaba al hombre que le ganó a Boca en Madrid. Pero el fútbol es contextual. Los jugadores no son los mismos, la dirigencia cambió y, sobre todo, el factor sorpresa desapareció. Pero Gallardo no es el único que se vio opacado por su propia gloria. La lista de segundas vueltas es más extensa de lo que nos gustaría:

Carlos Bianchi en Boca, el «Virrey» era un dios en la Ribera. Había ganado todo. Su regreso fue pedido a gritos, pero el final fue doloroso: por primera vez en su carrera, fue despedido por resultados. La comisión directiva lo resolvió el 28 de agosto de 2014 tras 74 partidos, en los que acumuló 26 triunfos, 22 empates y 26 caídas.

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Mostaza Merlo en Racing, el hombre que terminó con la sequía de 35 años en el 2001, volvió en 2006 y 2013. Aunque el cariño fue eterno, los resultados no acompañaron. La estatua en la puerta del club quedó como el único recordatorio de un pasado que no pudo replicarse.

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Ramon Díaz hizo historia sacando campeón a San Lorenzo en 2007 dándole al Ciclón una personalidad ganadora que no tenía, pero cuando volvió en 2010 con un presupuesto alto y refuerzos de nombre. Sin embargo, el equipo nunca tuvo identidad, los resultados fueron mediocres y terminó renunciando tras una derrota contra Tigre, dejando al equipo en una situación comprometida.

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Pero quizás el caso más doloroso de los últimos años fue el de Ricardo Gareca en Vélez. El “Tigre” , arquitecto de la época dorada del Fortín, volvió en 2023 luego de 10 años sin dirigir en el fútbol argentino bajo una lluvia de aplausos y expectativas de resurrección. Sin embargo, la realidad fue un mazo: 12 partidos después, con apenas una victoria en el bolsillo, el ídolo tuvo que dar un paso al costado para no hundirse con un barco que ya no respondía a su mando.

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Y por último, Jorge Almirón es, para muchos hinchas de Lanús, el mejor técnico de su historia. En 2016 logró un triplete de títulos (Campeonato de Primera División, Copa Bicentenario y la Supercopa Argentina) y llevó al equipo a su primera final de Libertadores en 2017. Su vuelta al Granate en 2022 estaba cargada de ilusiones. Sin embargo, el equipo nunca encontró el funcionamiento, quedó eliminado de la Copa Sudamericana en octavos y Almirón terminó yéndose tras apenas siete meses, con el equipo en los últimos puestos de la tabla.

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¿Por qué fallan los salvadores? Quizás porque el regreso nace de la necesidad de recuperar una felicidad que ya no existe. Los clubes suelen llamar a sus viejos héroes cuando han perdido el rumbo, esperando que el solo nombre del DT ordene el caos. Pero, como demostró este ciclo de Gallardo, ni siquiera el técnico más ganador de la historia puede ganar partidos solo con el currículum.

​El fútbol argentino es devorador y no respeta trayectorias cuando la pelota no entra. Hoy, River despide a su máximo prócer con un sabor agridulce: el de saber que la historia fue hermosa, pero que, a veces, la mejor forma de cuidar un recuerdo es no intentar repetirlo.

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