La Incomodidad del Gobierno con el triunfo de la Selección

La victoria de Argentina sobre Inglaterra no solo aseguró el pase a la final, sino que reabrió el debate sobre la soberanía de las Islas Malvinas y derivó en un inesperado cruce entre el Gobierno nacional y los jugadores.

Por Iñaki Darraidou Sustas

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La polémica había comenzado incluso antes del pitazo inicial. En la previa de la semifinal, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, confirmó que, en el marco del operativo acordado entre la FIFA, las autoridades estadounidenses y las fuerzas de seguridad argentinas, estaría prohibido ingresar al estadio con banderas, camisetas o cualquier símbolo vinculado a la causa Malvinas, al considerarse una manifestación política incompatible con el reglamento del organismo.

Sin embargo, apenas terminó el encuentro, el plantel argentino decidió ignorar esa restricción. En pleno vestuario, los campeones del mundo desplegaron una bandera con la inscripción «Las Malvinas son Argentinas», una imagen que rápidamente recorrió el mundo y volvió a colocar el histórico reclamo de soberanía en el centro de la escena internacional.

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La reacción no tardó en llegar desde el Reino Unido. El primer ministro británico Sir Keir Rodney Starmer cuestionó el gesto y reclamó que la FIFA actúe conforme a su reglamento, mientras el organismo abrió un expediente para evaluar posibles sanciones disciplinarias contra la Asociación del Fútbol Argentino por la exhibición de un mensaje considerado de carácter político.

Pero la mayor controversia terminó produciéndose puertas adentro. El presidente Javier Milei tomó distancia del gesto de la Selección y calificó a los jugadores de «imprudentes» por el gesto de la bandera. El mandatario sostuvo que el reclamo argentino debe sostenerse por los canales diplomáticos y advirtió sobre el riesgo de mezclar una reivindicación histórica con un espectáculo deportivo. Milei insistió en que «las cosas que pasan en la cancha con los jugadores no son parte de la diplomacia» y estimó que una eventual sanción no tendría mayores consecuencias para el seleccionado.

Por otro lado durante los festejos, Lionel Messi dedicó la clasificación «a los argentinos que no tienen trabajo, a los que no llegan a fin de mes y a todos los que la están pasando mal», un mensaje que rápidamente fue interpretado como una alusión a la situación económica del país y que profundizó el debate en redes sociales y en el ámbito político. Ademas de ser respondido indirectamente en una entrevista con Infobae por Adrián Ravier, vocero de Milei quien afirmo “No coincidimos en el Gobierno con esto de que la gente no llega a fin de mes” mostrando distancia respecto a las declaraciones del 10.

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La secuencia dejó al descubierto una vez mas cómo un encuentro de fútbol terminó condensando varias de las discusiones que atraviesan hoy a la Argentina: la vigencia del reclamo por Malvinas, los límites que impone la FIFA a las expresiones políticas, el papel del Gobierno frente a una causa de amplio consenso nacional y el lugar que ocupan los futbolistas como referentes de la sociedad. A días de la final del Mundial, la imagen que quedó instalada no fue solamente la clasificación argentina, sino la de una bandera que desafió una prohibición internacional y volvió a demostrar que, cuando se enfrentan Argentina e Inglaterra, el fútbol difícilmente pueda separarse de la política.

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