Inflación: Desaceleró al 2,6% en abril y la medición interanual bajó al 8,8%
El INDEC confirmó un marcado freno en el ritmo de aumento de precios durante el cuarto mes del año. Aunque el oficialismo celebra el quiebre de la tendencia alcista, el complejo camino de Caputo hacia la «inflación cero» imponen cautela.

La inflación oficial de abril se ubicó en el 2,6%, registrando una baja significativa respecto a las mediciones del primer trimestre y consolidando la desaceleración de la medición interanual, que descendió al 8,8%. La cifra marca un punto de inflexión para el programa económico del Gobierno, que busca estabilizar las variables macroeconómicas tras meses de fuerte volatilidad en los precios relativos.
El freno del mes pasado estuvo explicado fundamentalmente por el comportamiento del rubro alimentos y bebidas no alcohólicas, que mostró un ritmo de variación menor al de los períodos anteriores. A nivel técnico la inflación núcleo, aquella que excluye los componentes estacionales y las tarifas de servicios públicos, también evidenció una baja. Lo que sugiere que la menor velocidad en la evolución de los valores empieza a generalizarse en los bienes de consumo masivo.

A pesar del optimismo oficial por el dato de un solo dígito interanual, el objetivo de máxima del ministro Luis Caputo centrado en alcanzar la «inflación cero», ha comenzado a postergarse en el horizonte de las consultoras privadas debido a factores internos y externos.
En el plano internacional, la persistencia de las tasas de interés elevadas en Estados Unidos y la volatilidad en el mercado global de materias primas configuran un escenario de apreciación del dólar que presiona sobre las monedas de la región, limitando el margen de maniobra para profundizar la devaluación administrada del peso sin reactivar las presiones inflacionarias importadas.
A este frente externo se suman los desafíos de la agenda nacional para mayo. El calendario contempla la entrada en vigencia de nuevos aumentos en los servicios públicos (luz, gas y agua), además de la actualización programada en el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL). Estos componentes regulados tienen un fuerte peso inercial y suelen trasladarse de manera directa a los costos de logística y producción, fijando un piso más elevado para la próxima medición estadística.
Mientras los sectores financieros asimilan positivamente la desaceleración, la economía real aguarda señales de recuperación del poder adquisitivo que permitan reactivar la actividad comercial sin presionar nuevamente sobre el nivel general de precios.
Por Morena Silveira
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