El PRO bonaerense frente a su propia crisis: sin territorio y cada vez más subordinado a La Libertad Avanza

Por Lucila Cardaci
La tensión que atraviesa hoy al PRO en la provincia de Buenos Aires ya no puede disimularse detrás de reuniones partidarias, fotos de unidad o negociaciones electorales. Lo que está ocurriendo es mucho más profundo que una simple discusión entre aliados: el partido atraviesa una crisis de identidad y territorialidad que se arrastra desde hace años y que la irrupción de La Libertad Avanza terminó dejando completamente expuesta.
La reciente reunión encabezada por Diego Santilli con intendentes del PRO buscó mostrar orden interno y contener la creciente bronca de los jefes comunales frente al comportamiento de dirigentes libertarios en distintos municipios. Pero lejos de transmitir fortaleza, el encuentro terminó evidenciando el deterioro político de un espacio que, aun después de haber gobernado la provincia, nunca logró consolidar una estructura propia sólida.
Las quejas de los intendentes fueron contundentes. En muchos distritos, los referentes de La Libertad Avanza funcionan como una oposición interna permanente: bloquean presupuestos, cuestionan gestiones municipales, impulsan denuncias y generan conflictos en los concejos deliberantes. Es decir, el supuesto socio político actúa más como un adversario territorial que como parte de una coalición.
Sin embargo, el problema de fondo no es solamente la actitud de los libertarios. El verdadero interrogante es por qué el PRO llegó a este punto de fragilidad política en la provincia más importante del país.
La respuesta obliga a mirar hacia atrás. Durante el gobierno de María Eugenia Vidal, el PRO tuvo la oportunidad histórica de construir una red política y territorial fuerte en los 135 municipios bonaerenses. Tenía gestión, recursos, centralidad política y volumen electoral. Pero, aun así, nunca desarrolló una estrategia profunda de construcción local.
En lugar de formar cuadros propios, fortalecer dirigentes municipales y consolidar equipos políticos estables, el PRO eligió un camino más cómodo y de corto plazo: delegar gran parte del armado territorial en la UCR y otros aliados locales. Esa decisión le permitió sostener acuerdos electorales rápidos, pero al mismo tiempo debilitó su identidad política en el territorio.
El resultado fue un partido excesivamente concentrado en figuras provinciales o nacionales, pero sin raíces reales en gran parte del interior bonaerense. Mientras el peronismo construía poder desde abajo y el radicalismo conservaba estructura municipal, el PRO se acostumbró a administrar alianzas en lugar de generar músculo político propio.
Ese vacío quedó completamente expuesto tras la derrota de 2019. Y lejos de corregirse, el problema se profundizó con la aparición del fenómeno libertario.
Con el crecimiento de Javier Milei y La Libertad Avanza en las últimas dos elecciones, gran parte del PRO volvió a repetir el mismo esquema: en vez de reconstruir territorialidad propia, decidió adaptarse al nuevo actor dominante. En muchos municipios, directamente se “vendió” el armado político a los libertarios, resignando identidad y conducción a cambio de intentar sostener competitividad electoral.
El problema es que los armados libertarios en la provincia de Buenos Aires están lejos de ser estructuras sólidas. En muchísimos distritos funcionan de manera improvisada, con dirigentes sin experiencia, referentes desconocidos o espacios atravesados por peleas internas. Algunos incluso son considerados directamente imposibles de votar por sectores de los libertarios y del PRO, que observan cómo candidatos sin volumen político terminan ocupando lugares centrales únicamente por llevar el sello libertario.
La contradicción es evidente: el PRO, que debería aportar experiencia de gestión y organización territorial, terminó subordinado a estructuras mucho más débiles, desordenadas y sin desarrollo político real. Y eso ocurre porque el partido nunca terminó de construir una base propia que le permitiera negociar desde una posición de fortaleza.
En ese contexto, la figura de Diego Santilli queda particularmente cuestionada. No solo por el conflicto actual con La Libertad Avanza, sino también por su falta de presencia política en momentos clave del partido. Durante meses, distintos sectores del PRO criticaron su ausencia en eventos partidarios importantes, justo cuando el espacio necesitaba conducción y orden interno.

Su reaparición reciente, intentando mediar entre intendentes y libertarios, parece más una reacción tardía frente al conflicto que una estrategia política consistente. Santilli busca mostrarse como articulador de una futura coalición bonaerense entre el PRO y LLA, mientras ratifica sus aspiraciones de ser candidato a gobernador en 2027. Pero el escenario que enfrenta está lejos de ser favorable.
Porque la política bonaerense no se construye solamente desde los medios o las encuestas. Se construye municipio por municipio, concejo deliberante por concejo deliberante, dirigente por dirigente. Y ahí es donde el PRO muestra sus mayores debilidades.
Lo que hoy sucede en la provincia es, en gran parte, consecuencia de años de decisiones políticas equivocadas. Primero, el partido resignó construcción territorial propia en manos de la UCR. Después, frente al crecimiento libertario, volvió a ceder espacios a La Libertad Avanza. En ambos casos, evitó desarrollar una identidad territorial autónoma y sustentable.
La consecuencia de esa lógica es la situación actual: un partido que gobernó la provincia pero que todavía no logra consolidarse como una fuerza con estructura propia en todo el territorio bonaerense. Un espacio que depende constantemente de aliados externos para sostener competitividad electoral. Y que ahora enfrenta el riesgo de quedar definitivamente absorbido por el fenómeno libertario.
La gran incógnita hacia adelante es si el PRO todavía tiene margen para revertir este proceso o si ya ingresó en una etapa de subordinación política irreversible frente a La Libertad Avanza.
Porque cuando un partido deja de construir territorialidad propia y se acostumbra a tercerizar poder, tarde o temprano pierde capacidad de conducción. Y eso es exactamente lo que hoy empieza a ocurrir en la provincia de Buenos Aires: el PRO lamentablemente ya no discute cómo expandirse, sino cómo sobrevivir dentro de una alianza donde cada vez tiene menos control.
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