Deterioro congnitivo y problemas de salud mental: Cómo afecta el consumo de marihuana entre los más jóvenes.

La reducción en la percepción social del riesgo influyó directamente en la expansión del consumo de marihuana, especialmente entre los jóvenes. Estudios científicos registraron que su uso a temprana edad puede producir dificultades en la memoria, menor capacidad de aprendizaje, deterioro de la atención sostenida, mayor riesgo de desarrollar trastornos de salud mental, como la esquizofrenia, y una reducción promedio de 8 puntos en el coeficiente intelectual. Visibilizar los efectos del cannabis no implica negar su uso histórico ni sus posibles aplicaciones médicas, sino reconocer los peligros asociados a su consumo indiscriminado.

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LA QUÍMICA DETRÁS DEL VIAJE

El Cannabis sativa incluye dos variantes principales: el cáñamo y la marihuana. Aunque provienen de la misma planta, se distinguen por su composición química. El cáñamo posee niveles muy bajos de THC (delta-9-tetrahidrocannabinol), mientras que la marihuana contiene concentraciones elevadas de este compuesto psicoactivo, responsable de los cambios en la percepción, el comportamiento y la cognición. Por este motivo, el cáñamo se emplea en usos industriales y la marihuana en usos recreativos.

El cannabidiol (CBD) es otro componente importante. No produce efectos psicoactivos y puede moderar la acción del THC al unirse a ciertos receptores, reduciendo parte de sus efectos. La proporción entre THC y CBD determina la potencia de cada variedad de cannabis disponible en la actualidad.

El cannabis puede consumirse fumado, vaporizado o ingerido. En cualquier modalidad, el THC llega al cerebro y se une al sistema endocannabinoide, que regula funciones como la memoria inmediata, el movimiento, el apetito, el sueño y el estado de ánimo. Su estimulación genera euforia, relajación, distorsiones temporales, disminución de la coordinación motora y aumento del apetito. Estos efectos explican tanto su uso recreativo como sus riesgos inmediatos.

UN CAMINO DE INICIO PARA LOS MÁS JÓVENES

La marihuana es la droga ilícita más consumida en el mundo y su uso aumentó de forma sostenida durante la última década. La reducción en la percepción social del riesgo ha influido directamente en la expansión del consumo, especialmente entre los jóvenes. Alrededor de 269 millones de personas en el mundo la utilizaron al menos una vez, y se observa una disminución progresiva en la edad de inicio.

Cuanto más temprano se inicia el consumo, mayor es la probabilidad de desarrollar dependencia y más fuerte es el impacto sobre el desarrollo cognitivo. En la Argentina, según la Encuesta Nacional de 2023 sobre Consumos y Prácticas de Cuidado, el 27,5 % de la población declaró haber consumido marihuana alguna vez, con una edad promedio de inicio de 19 años.

El cannabis se considera una “droga de inicio”, ya que su consumo suele preceder al uso de otras sustancias psicoactivas más potentes. Se estima que cerca del 9 % de quienes comienzan a consumir desarrollarán algún grado de dependencia a lo largo de su vida.

“Cuando el cannabis tiene predominancia de THC (tetrahidrocannabinol), produce efectos en nuestro neurocomputador, que es el cerebro. Recordemos que el cerebro de un joven menor de 25 años no tiene su defensa biológica completamente desarrollada. A partir de ahí, puede generar afecciones en la memoria y en el aprendizaje a corto plazo, detonar ansiedad y depresión, y provocar brotes psicóticos o esquizofrenia. Esto puede ocurrir en jóvenes y en personas que tienen una predisposición genética”, explica Eduardo Barreiro, docente de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA.

SALUD MENTAL EN JAQUE

Numerosas investigaciones demostraron una asociación entre el consumo de cannabis y el desarrollo de trastornos psiquiátricos. Según los resultados de un metaanálisis de investigadores alemanes publicado en marzo de 2025, los usuarios habituales presentan hasta tres veces más riesgo de desarrollar esquizofrenia, especialmente si el consumo inicia durante la adolescencia. En personas predispuestas, el THC puede desencadenar síntomas psicóticos como delirios, alucinaciones y pensamiento desorganizado.

Asimismo, el cannabis puede agravar el curso de la esquizofrenia hebefrénica. Incrementa los síntomas positivos —como alucinaciones y delirios— y profundiza los síntomas negativos, entre ellos la apatía, el retraimiento social, la anhedonia, la abulia y la falta de motivación. Esto empeora el pronóstico y dificulta el tratamiento.

Además, el riesgo de desarrollar un trastorno psicótico es hasta cinco veces mayor cuando se consumen variedades de marihuana de alta potencia –con mayor contenido de THC– tal como informaron en un trabajo publicado en Lancet Psychiatry los miembros de una red europea de estudios de esquizofrenia (European Network of National Schizophrenia Networks Studying Gene-Environment Interactions-EU-GEI).

CONSECUENCIAS NEUROCOGNITIVAS Y VULNERABILIDAD DEL CEREBRO ADOLESCENTE

El consumo en edades tempranas produce efectos particularmente preocupantes. El cerebro adolescente se encuentra en pleno proceso de maduración, el cual continúa hasta alrededor de los 25 años, al menos. Durante este período, la exposición a sustancias como el cannabis puede interferir con áreas cruciales ligadas a la memoria, el juicio, la toma de decisiones y el control de impulsos.

Se ha encontrado que jóvenes entre 18 y 32 años consumidores de marihuana mostraron una reducción significativa en el desempeño total del coeficiente intelectual (CI) tal como informó un grupo de investigadores de la Universidad Católica de Australia en una publicación en Comprehensive Psychiatry. Registraron una reducción promedio de 8 puntos en el desempeño total del CI, y déficits cognitivos, y no observaron recuperación del desempeño de la inteligencia a pesar de que hubiesen abandonado el consumo en la adultez. 

Similares resultados fueron hallados respecto de las funciones ejecutivas en niños y adolescentes en un estudio comparativo publicado en 2024 por un grupo de docentes investigadores de aprendizaje y conducta de la Universidad INCCA, Bogotá, Colombia. Entre las afectaciones registradas se incluyen: disminución del coeficiente intelectual, dificultades en memoria de trabajo, menor capacidad de aprendizaje, deterioro de la atención sostenida y mayor impulsividad. En jóvenes que combinan cannabis y alcohol —una práctica frecuente en hasta un 25 % de los adultos jóvenes— los efectos negativos se potencian y se observa un mayor deterioro motor, cognitivo y conductual.

UN DESAFÍO DE SALUD PÚBLICA

El consumo de marihuana representa un desafío complejo para la salud pública. Frente a este escenario, se vuelve imprescindible reforzar las estrategias de prevención, difundir información basada en evidencia científica y desarrollar intervenciones tempranas dirigidas a adolescentes, embarazadas y grupos de riesgo.

Comprender y visibilizar los efectos del cannabis no implica negar su uso histórico ni sus posibles aplicaciones médicas, sino reconocer los peligros asociados a su consumo indiscriminado.

CANNABIS MEDICINAL

El cannabis medicinal dejó de ser tabú y hoy es una herramienta terapéutica avalada en Argentina por la Ley 27.350. Pero cuando hablamos de jóvenes, la información clara y el acompañamiento profesional son claves.

La ingesta en jóvenes se indica bajo receta médica para patologías específicas, como epilepsia refractaria, dolor crónico, espasticidad en enfermedades neurológicas, náuseas por quimioterapia y algunos trastornos de ansiedad y sueño, siempre y cuando otros tratamientos no funcionaron.

Es importante remarcar que su ingesta debe ser siempre con receta y seguimiento médico: no es automedicación. La dosis, el tipo de derivado y la vía de administración la define un profesional. Por último, aclarar que no es lo mismo el uso medicinal que recreativo. El objetivo medicinal es mejorar calidad de vida y síntomas, con derivados controlados y sin buscar efectos psicoactivos.

Más información:
https://enfoco.ffyb.uba.ar/te-armas-uno-cuando-fumar-la-hierba-de-la-paz-puede-ser-perjudicial/ 

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