Casi el 40% de los jóvenes argentinos de entre 25 y 35 años aún vive con sus padres.

El fenómeno de la adultescencia refleja cambios en los factores económicos, dificultades para acceder a la vivienda y nuevas dinámicas sociales que explican por qué la independización del hogar familiar se posterga cada vez.

Por Julieta Savio.

image-12-1024x679 Casi el 40% de los jóvenes argentinos de entre 25 y 35 años aún vive con sus padres.

Lejos de tratarse únicamente de una decisión personal, la permanencia en la casa familiar está vinculada a múltiples factores. Entre ellos se encuentra el alto costo de los alquileres, la inestabilidad laboral y la demanda facultativa. 

Algunos le llaman “adultescencia”: es una etapa en la que se prolongan características tradicionalmente asociadas a la juventud, mientras la autonomía económica y residencial se retrasa. 

En comparación a generaciones anteriores que buscaban casarse, comprarse una casa y tener hijos, en la actualidad, el proceso es más gradual y, en muchos casos, casi imposible.

Esta situación no es homogénea en todo el país. En la Ciudad de Buenos Aires, la cantidad de jóvenes que viven con sus padres es del 21%, mientras que en el resto de las provincias las cifras son más altas. 

Más allá de los números y porcentajes, este fenómeno abre un amplio debate cultural y económico: ¿se trata de una nueva forma de entender la adultez o de una consecuencia de la crisis habitacional y laboral?

La independencia del hogar familiar ya no tiene un rango etario fijo. Para muchos jóvenes en Argentina dejó de ser una meta inmediata y pasó a ser un objetivo a largo plazo. 

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