Audios, operaciones y guerra interna: cómo el escándalo sexual de Milei terminó funcionando como una cortina de humo para la crisis de Adorni y la pelea entre Menem y el Caputismo

Por Lucila Cardaci
La política argentina volvió a entrar en una dimensión donde el espectáculo, las operaciones digitales y las internas de poder se mezclan de manera permanente. La filtración de los audios íntimos atribuidos a Javier Milei con Rosemary Maturana no solamente generó impacto por su contenido sexual y viral. También abrió una enorme discusión política sobre el momento exacto en el que aparecieron, quiénes se benefician de la explosión mediática y qué temas quedaron completamente tapados detrás del escándalo.
Mientras las redes sociales se llenaban de memes, recortes editados y videos sobre el “paquetón”, dentro de La Libertad Avanza se desarrollaba una de las crisis internas más profundas desde la llegada de Milei al poder. La pelea entre el sector de Martín Menem y el círculo de Santiago Caputo ya venía escalando desde hace semanas con acusaciones cruzadas, operaciones digitales, cuentas libertarias enfrentadas y sospechas sobre espionaje político interno.
En ese contexto, la viralización masiva de los audios apareció casi como un cambio brusco de agenda. En cuestión de horas, dejaron de discutirse las denuncias sobre Manuel Adorni, los cuestionamientos por el uso de recursos oficiales, las internas en Casa Rosada y las acusaciones entre el menemismo y el caputismo. Toda la conversación pública pasó a girar alrededor del escándalo sexual del Presidente.
La secuencia política resulta demasiado conveniente para algunos sectores del oficialismo. Hasta antes de la filtración, uno de los principales focos de desgaste del Gobierno era la situación de Adorni. El vocero presidencial, que durante meses había sido una de las figuras más protegidas del entorno de Milei, empezó a quedar expuesto por distintas polémicas vinculadas a viajes, patrimonio y utilización de recursos públicos. También crecían las críticas internas por su protagonismo político y por el blindaje permanente que recibe de Karina Milei y del núcleo duro presidencial.
El problema para el Gobierno es que el caso Adorni comenzó a cruzarse además con la guerra entre Santiago Caputo y Martín Menem. En las últimas semanas, distintas cuentas libertarias vinculadas a ambos espacios empezaron a atacarse públicamente, dejando al descubierto una interna feroz por el control político y comunicacional del oficialismo.
El caputismo, sector alineado con Santiago Caputo, quedó especialmente enfrentado con dirigentes cercanos a Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados y uno de los hombres más importantes dentro del armado político de Karina Milei. Las diferencias dejaron de ser silenciosas y empezaron a trasladarse a redes sociales, operaciones mediáticas y filtraciones permanentes.
En ese escenario de guerra interna, la aparición de los audios íntimos de Milei generó sospechas inmediatas. Muchos sectores políticos y periodísticos interpretaron que la filtración funcionó como una gigantesca cortina de humo para desplazar la atención pública de la crisis interna libertaria.
No se trata solamente de una teoría opositora. Incluso dentro del universo libertario aparecieron mensajes ambiguos y acusaciones indirectas. Los audios comenzaron a circular en medio de la escalada entre Caputo y Menem con un mensaje sugestivo de Santiago Caputo en redes sociales: “Las advertencias fueron debidamente presentadas”.
La frase alimentó todavía más las sospechas alrededor de posibles operaciones cruzadas dentro del propio oficialismo. En paralelo, distintos dirigentes libertarios intentaron despegarse rápidamente de la filtración mientras crecían las acusaciones sobre el uso político de material privado y campañas digitales coordinadas.
El caso además escaló judicialmente. El dirigente Santiago Cúneo presentó una denuncia ante la Justicia luego de la viralización de los audios, argumentando que en parte del material filtrado se mencionaban cuestiones sensibles vinculadas a la custodia presidencial y movimientos de seguridad del mandatario. Según trascendió, la causa quedó bajo análisis del juzgado de Ariel Lijo.
Pero el verdadero problema político no parece estar únicamente en la filtración sino en el estado general del oficialismo. La Libertad Avanza atraviesa una etapa de desgaste interno cada vez más visible. La concentración de poder alrededor de Karina Milei, el avance de Santiago Caputo sobre áreas estratégicas del Estado y el crecimiento político de Martín Menem generaron una disputa permanente por espacios de influencia.

El enfrentamiento ya no se limita a discusiones privadas. Se expresa públicamente en operaciones de prensa, cuentas anónimas, ataques digitales y filtraciones constantes. La lógica libertaria, basada en el manejo agresivo de redes sociales y comunicación de impacto, terminó convirtiéndose también en un arma de guerra interna.
El caso de los audios muestra precisamente eso: cómo la comunicación oficialista muchas veces deja de diferenciar entre gestión política y entretenimiento viral. El Gobierno logró instalar durante días una conversación completamente dominada por el morbo, el humor y el escándalo sexual. Mientras tanto, las preguntas incómodas sobre Adorni, los gastos oficiales, la interna de Menem y las disputas con Caputo quedaron prácticamente fuera de agenda.
Esa dinámica no es nueva dentro del mileísmo. Desde el comienzo de la gestión, el oficialismo utilizó constantemente polémicas mediáticas, confrontaciones digitales y declaraciones explosivas para ordenar la discusión pública y desplazar temas sensibles. Sin embargo, la diferencia actual es que la crisis ya no proviene solamente de la oposición o de sectores externos, sino del propio corazón libertario.
La tensión entre Karina Milei y sectores vinculados al caputismo comenzó además a generar preocupación entre dirigentes oficialistas que temen una fragmentación interna antes de las elecciones legislativas. Algunos referentes consideran que Santiago Caputo acumuló demasiado poder en áreas estratégicas del Gobierno y cuestionan el rol de los operadores digitales alineados con su espacio.
Por otro lado, el entorno de Caputo acusa a sectores cercanos a Menem de intentar construir poder propio utilizando el aparato partidario y la relación directa con Karina Milei. La disputa se volvió tan evidente que incluso referentes libertarios empezaron a hablar públicamente de “tribus” dentro del oficialismo.
En medio de ese escenario, Manuel Adorni quedó atrapado como una figura incómoda. Aunque sigue siendo uno de los funcionarios más visibles del Gobierno, también se convirtió en blanco de cuestionamientos internos y externos. Algunos sectores libertarios creen que su sobreexposición comenzó a desgastarlo políticamente y que la estrategia de blindarlo permanentemente termina agravando el problema.
La filtración de los audios apareció entonces como una oportunidad perfecta para resetear la conversación pública. El foco dejó de estar en las disputas de poder y pasó a concentrarse en el escándalo sexual presidencial. Durante varios días, el oficialismo logró correr completamente el eje político.
Sin embargo, el efecto puede ser solamente momentáneo. Las tensiones internas siguen creciendo y cada nueva operación deja más expuesta la fragilidad de la estructura libertaria. La sensación de descontrol empieza a preocupar incluso dentro del propio Gobierno.
Porque detrás de los memes, los videos virales y el “paquetón”, lo que realmente quedó al descubierto es otra cosa: un oficialismo atravesado por internas feroces, operaciones permanentes y una pelea de poder que ya nadie logra esconder.
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