Argentina es racista? el polemico discurso en redes sobre el pais.
Durante el mundial surgieron discursos que hablan de Argentina como un país profundamente racista, incluso uno de los más racistas del mundo. Es una afirmación que genera titulares y mucha indignación, pero pocas veces se detiene a mirar la historia completa.

La polemica aparece a partir de posteos hablando de supuestas ayudas a la seleccion o protestando acerca del comportamiento de algunos jugadores, proviniendo de gente que alentaba contra la seleccion argentina. Muchos de estos posteos venian acompañados de comentarios respecto al racismo del pais, los jugadores y los propios argentinos. La polemica escalo hasta el punto que varias celebridades como Samuel L. Jackson o incluso la congresista estadounidense Jasmine Crockett quienes postularon su apoyo a España en la final del mundo como una respuesta contra el racismo de Argentina, llegando a decir que es uno de los paises mas racistas del mundo.
Es una afirmación que genera titulares y mucha indignación, pero pocas veces se detiene a mirar la historia completa. ¿Hay racismo en Argentina? Sí. Lo hubo antes y lo sigue habiendo. Nadie que observe con honestidad la realidad puede negar que existen prejuicios hacia pueblos originarios, afroargentinos, inmigrantes de países limítrofes o personas de determinados sectores sociales. Como ocurre en prácticamente cualquier sociedad, la discriminación existe. Pero de ahí a sostener que Argentina construyó su identidad sobre un sistema de racismo institucional hay un salto enorme.

A diferencia de países como Estados Unidos o Sudáfrica, donde durante décadas existieron leyes que separaban a las personas según su raza, Argentina nunca tuvo un régimen de segregación racial. Nuestra historia tiene episodios oscuros, algunos muy oscuros, pero el país no organizó su vida política alrededor de leyes que establecieran ciudadanos de primera y de segunda según el color de su piel. Desde la independencia, la idea de libertad estuvo en el centro del proyecto nacional y muchos de los heroes de la patria eran esclavos o indigenas que buscaban combatir las estrucutras coloniales y pelear por la libertad. Aunque mas adelante no siempre se la aplicó de manera igual para todos. Ya en la Asamblea del Año XIII (1813) se dio un paso importante con la libertad de vientres, que no abolía de inmediato la esclavitud pero sí marcaba un límite claro a su reproducción y mostraba una orientación política distinta. Más tarde, la Constitución de 1853 consolidó la igualdad ante la ley como principio del Estado argentino. La esclavitud quedó definitivamente abolida y, con el paso del tiempo, el país incorporó cada vez más herramientas para combatir la discriminación en lugar de legalizarla.
En democracia ese camino se profundizó. La Ley 23.592 sanciona los actos discriminatorios, los tratados internacionales contra el racismo tienen jerarquía constitucional y durante años el INADI fue el organismo encargado de recibir denuncias, promover campañas y asistir a víctimas de discriminación. Se puede discutir su funcionamiento, pero su sola existencia demuestra cuál fue la dirección que eligió el Estado argentino. Esto no convierte a Argentina en un paraíso de la convivencia ni borra las injusticias del pasado. Nuestra historia tiene capitulos tragicos de discriminacion y racismo.
La Conquista del Desierto fue una campaña militar brutal contra los pueblos originarios y, junto con la retórica del blanqueamiento que atravesó buena parte de América Latina, dejó heridas profundas en la forma en que la región pensó la nación y la ciudadanía. Muchas de las acusaciones por ejemplo hablan de un genocidio negro en las Argentina que sin embargo no ocurrio como tal. Si hubo invisibilización, discriminación y un proceso de borramiento cultural de los afroargentinos, mas no una política estatal de exterminio racial comparable a otras tragedias del continente. En países vecinos también se repitieron prácticas similares: masacres contra indígenas, campañas de ocupación territorial y discursos de blanqueamiento que muestran que las injusticias raciales fueron un problema regional y estructural, no una singularidad argentina.

Esto son problemas sociales que existen y hechos que marcaron la historia que no se deberian evitar. Lo que sí debería evitarse es otra forma de simplificación: juzgar la historia argentina con categorías que no siempre describen lo que realmente ocurrió. Una cosa es reconocer el racismo como un problema social; otra muy distinta es afirmar que el país fue construido sobre un sistema legal de supremacía racial. La diferencia importa. Porque si todo es racismo institucional, entonces nada lo es. Y porque entender la historia con sus claroscuros es mucho más útil que reemplazarla por consignas. Argentina tiene deudas pendientes en materia de igualdad, como cualquier país. Pero también tiene una tradición jurídica y democrática que, desde su independencia eligió combatir la discriminación en lugar de convertirla en política de Estado. Ese contexto no exculpa nuestros pecados; simplemente ayuda a entenderlos con mayor honestidad.
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