Se recibió y dejó la ciudad para ser médico en un pueblo de 2.000 habitantes
Ignacio Pieckenstainer, de 28 años, cambió Rosario por Maggiolo, una pequeña localidad del sur santafesino, para convertirse en uno de los dos médicos del lugar. Su decisión transformó su vida y la de toda una comunidad.

Después de recibirse de médico en Rosario, Ignacio Pieckenstainer tomó una decisión que pocos se animan a tomar: dejó la ciudad, la rutina acelerada y la comodidad de su entorno para mudarse a Maggiolo, un pueblo de apenas 2.000 habitantes en el sur de Santa Fe. Hoy, con apenas 28 años, es uno de los dos médicos que atienden allí.
La oportunidad llegó a través de la Fundación Es Vicis, que impulsa el programa Bienvenidos a mi Pueblo, destinado a repoblar pequeñas localidades con profesionales esenciales. Ignacio se postuló sin demasiadas expectativas, pero tras varias entrevistas fue seleccionado. Dejó Rosario, donde trabajaba en reconocidos centros de salud, y comenzó una nueva etapa en el interior provincial.
Su llegada fue celebrada por los vecinos, que hacía tiempo esperaban contar con atención médica estable. En Maggiolo, Ignacio se desempeña en el hospital local y en consultorios comunitarios, atendiendo desde controles rutinarios hasta urgencias. También realiza visitas domiciliarias y coordina derivaciones a Venado Tuerto cuando los casos requieren especialistas.

El cambio fue total: pasó del ritmo vertiginoso de la ciudad a una vida marcada por el silencio, la cercanía y el compromiso comunitario. “Aprendí a disfrutar de la tranquilidad, de los saludos en la calle y de tener tiempo para acompañar a cada paciente”, cuenta con orgullo.
La fundación que lo convocó destaca su caso como un ejemplo de cómo una elección personal puede revitalizar la vida de un pueblo y, al mismo tiempo, ofrecer a un joven profesional una experiencia única de desarrollo humano y vocacional.
En Maggiolo, Ignacio encontró lo que muchos buscan: sentido, calma y una comunidad que lo adoptó como uno más. Su historia es una muestra de que elegir otro camino también puede ser una forma de sanar.
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