¿Humanos o animales? El furor Therian estalla en Argentina y desata una polémica salvaje

Lo que para muchos parece un simple juego de chicos en una plaza, para otros es la señal de que algo nuevo —y desconcertante— está creciendo a la vista de todos. Saltos, gruñidos, movimientos en cuatro patas y collares en pleno espacio público: el fenómeno Therian dejó de ser un nicho de TikTok y empezó a ganar terreno en calles y parques del país.

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Durante este inicio de febrero, imágenes virales desde el Barrio Chino porteño, plazas de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza encendieron el debate. ¿Qué está pasando con estos jóvenes que dicen sentirse animales? ¿Moda, identidad o algo más profundo?

Qué es ser Therian (y por qué no es lo mismo que ser furro)

Los Therians son personas que sienten una conexión interna, espiritual o identitaria con un animal específico. No se trata de un disfraz ni de un juego: para ellos, su esencia no es completamente humana. Algunos practican cuadropedia, otros usan colas, máscaras o accesorios para reforzar ese vínculo que aseguran llevar “desde adentro”.

Acá es clave no confundir conceptos.
Los furros (furries), por ejemplo, viven la experiencia desde lo artístico y lo lúdico: crean personajes antropomorfos, dibujan, participan en convenciones y hasta confeccionan trajes elaborados. Es un hobby, una ficción consciente. El therian, en cambio, no “interpreta” un animal: dice serlo en algún plano de su identidad.

Una tribu más, con las herramientas de esta época

El fenómeno no es tan nuevo si se lo mira con perspectiva. En los 90 fueron los góticos; en los 2000, los emos, floggers y otakus copando puntos icónicos como el Abasto. Hoy el escenario cambió: donde antes había Fotolog o Messenger, ahora manda el algoritmo de TikTok.

La lógica es la misma de siempre: adolescentes y jóvenes buscando diferenciarse del mundo adulto, romper reglas heredadas y encontrar su propia “manada”. La diferencia es que ahora esa búsqueda se vuelve viral en segundos.

Capitales visibles, interior silencioso

En las grandes ciudades, el anonimato facilita la exposición. En el interior del país, en cambio, el control social pesa más. Allí los therians existen, pero muchas veces eligen vivir su identidad puertas adentro, en grupos pequeños y de confianza, esperando que el fenómeno termine de asentarse.

Más allá de modas o etiquetas, el movimiento vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: cómo las nuevas generaciones construyen pertenencia en un mundo cada vez más digital y desconectado de lo natural.

El Impacto salió a la calle y las respuestas fueron brutales

En ese contexto, El Impacto salió a la calle a preguntarle a padres y madres qué harían si sus hijos se identificaran como Therians. Las respuestas sorprendieron —y alarmaron— incluso a los cronistas.

Algunos dijeron que los mandarían “a la cucha”, otros que los harían dormir afuera y que les darían alimento balanceado. Los más extremos fueron todavía más lejos: sin filtros, hablaron incluso de eutanasia. Opiniones crudas, polémicas y cargadas de violencia simbólica que exponen el choque generacional y el nivel de incomprensión que despierta este fenómeno.

Entre lo humano y lo animal, el debate ya está en la calle. Y parece recién empezar.

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