Honduras: Nasry “Papi” Asfura, presidente, y una campaña que entendió antes que nadie dónde se juega el poder
La victoria de Nasry “Papi” Asfura en Honduras no se explica solo en las urnas. Se explica en el teléfono. En redes sociales, en la circulación del mensaje y en una estrategia comunicacional moderna que conectó con millones de hondureños y terminó consolidando un triunfo categórico.

La noche del triunfo de Nasry “Papi” Asfura confirmó algo que su equipo venía repitiendo puertas adentro desde hacía meses: la elección ya estaba ganada en la conversación pública. En un país atravesado por la inseguridad, la crisis económica y el desgaste político, Asfura logró instalar una idea clara y persistente: orden, gestión y previsibilidad.
No fue un discurso grandilocuente ni una campaña basada en promesas imposibles. Fue un mensaje simple, emocional y directo, pensado para circular rápido y llegar a todos. Microvideos, clips breves, consignas claras y una narrativa coherente que se replicó en cada rincón digital del país. Mientras otros discutían estructuras partidarias, Asfura hablaba el idioma de la gente.
La campaña entendió una verdad central de esta época: hoy la información no baja solo desde los medios tradicionales, circula en redes, grupos de WhatsApp, cuentas militantes y contenidos virales. Y ahí estuvo una de las grandes claves del triunfo.

Tom Roth y el “Lado B”: la comunicación no oficial que potenció el mensaje
Uno de los elementos más innovadores de la campaña fue la implementación de la llamada comunicación “Lado B”, un esquema de trabajo diseñado por el consultor argentino Tomás Roth, más conocido como Tom Roth, quien fue contactado directamente por Asfura y su equipo para aplicar su metodología en Honduras.
El “Lado B” no es comunicación clandestina ni improvisada. Es toda la circulación no oficial del mensaje político: cuentas fandom, medios digitales afines, creadores de contenido y perfiles militantes que amplifican ideas, refuerzan conceptos y generan clima social. Es, en definitiva, el espacio donde hoy se informa y se forma opinión.
Gracias a este entramado, el mensaje de Asfura no solo se difundió: se viralizó. Llegó a jóvenes, adultos, barrios populares y sectores históricamente alejados de la política tradicional. Mientras el candidato mantenía un perfil institucional y presidencial, el “Lado B” se encargaba de disputar la agenda, responder ataques y reforzar la identidad del proyecto.

La experiencia hondureña no fue casual. Roth venía de campañas exitosas en la Argentina, donde comenzó a desarrollar su metodología junto a Alejandro Cacace en la provincia de San Luis. Ese trabajo despertó el interés de numerosos equipos políticos y, en 2025, varios espacios se disputaron sus servicios para elecciones legislativas.
Casos como la campaña de Andy Genna en Pilar terminaron de confirmar que esta nueva forma de comunicar llegó para quedarse. Roth también trabajó con Martín Lousteau en la Ciudad de Buenos Aires, consolidando un perfil de consultor especializado en arquitectura digital de campañas.

Hoy, tras el triunfo de Asfura en Honduras, su nombre vuelve a estar en el centro de la escena. De cara a 2027, crece la expectativa sobre cómo se disputarán sus servicios y cuál será el próximo escenario donde se aplique una metodología que ya demostró ser eficaz.
La elección hondureña dejó un mensaje claro: ganar elecciones ya no depende solo de estructuras, actos o spots. Depende de entender cómo se construye sentido en la era digital. Asfura lo entendió antes que nadie. Y por eso hoy es presidente.
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